"Hoy, cuando pude levantar mi cabeza enterrada en el lodo, cuando mi cuerpo comenzó a asimilar las llagas que lo injuriaron, cuando mi pecho abierto sin cuidado y mis gotas de sangre se hallaban esparcidas por el suelo, a destajo, comprendí que ya no existía.
Había figuras a mi alrededor que no concebía como humanas, conversaban y hablaban en un idioma inentendible para mí, una de ellas se me acercó y aunque no distinguí que decía pude notar una lágrima en su borrosa mejilla. Puso su mano en mi espalda y noté que no existía piel ni huesos en mí, miré mas detenidamente el estado de mi cuerpo maltrecho, desgarrado con furia y frialdad, aniquiliado por una fuerza más grande que la mía. No existía corazón, o alguna parte interna que pudiera diferenciar, sólo una mezcla de todos ellos cohesionados en un punto.
Comprendí que debía levantarme e intentar de caminar, pero ... cómo caminas sin piernas?, cómo respiras sin pulmones? o como impulsas tu andar sin algo que motive aquello?.
Era mejor asumir que estaba muerto, cerrar mis ojos vacíos y quedarme en el lodo, asimilando mis culpas y mis errores, tratando de encontrar el descanzo que me fue prometido cuando llegue a este mundo.
Es mejor asumir que todo lo que sentí alguna vez no lo sentiría más, que ya no existía un corazón o pulmones, que no caminaría con piernas, que no tendría más futuro que el ahora.
Era mejor dejar que lo buitres destrocen lo que siempre esperaron, que los cuervos arrebaten de mis órbitas lo que veía mi cabeza .... era mejor asumir que de ahora ya no era humano"
"Final del libro"
Corvo
"Aquella vieja lágrima volvía a estar allí, aquel frío en la espalda con esa sensación de miedo recorría nuevamente mi cuerpo. ¿Qué pasaba? quizás la acumulación de pecados ciegos y sordos se volvían contra mí, pese a que ya había batallado con ellos en innumerables ocasiones. Pereciese que hoy eran más que ayer, cada uno tomaba su turno para torturarme una vez más.
Los ancianos. más lentos en su andar y con más carga a cuesta eran los primeros en aparecer en aquel frío desfile, posaban sus manos en mi mente y me hacían recordar tiempos antiguos, del tiempo en que no conocía nada, de pesadumbres que aún no tenían nombres. Los conocía bastante bien, siempre estaban allí.
La larga fila continuaba y cada vez fantasmas y personas intangibles tomaban el turno de verme sufrir, parecían disfrutar el espectaculo, se enorgullecían de hacerme flaquiar, alardeaban de ver cuanto me podían doblegar.
Al final, y cuando ya todo parecía haberse calmado, una niña se me acercó, era pequeña, de rostro pálido pero iluminado, se subió a mis piernas y se sentó allí, levantó sus manos despacio, sus pequeños dedos tocaron mi mente, fueron cinco segundos, se bajó y se fué.
Un cuerpo inerte yacía en la silla, gélido, y derrotado, un leve latido sonaba en su pecho, pero quizás era un eco de algun grito ahogado.
Aquella vieja lágrima volvió a brotar..... "
Libro de las Lamentaciones
Corvo
